Cuando las estrellas se cruzan con la caza con arco
Hay objetos que atraviesan el tiempo y los mundos, desde el polvo lunar hasta los bosques profundos, sin perder jamás su legitimidad. El Omega Speedmaster es uno de ellos. Conocido como el reloj de los astronautas, fue el primer cronógrafo en pisar la Luna durante la misión Apollo 11. Pero pocos saben que también fue, simbólicamente, el reloj de los cazadores con arco. Porque antes de lucirse en la muñeca de Buzz Aldrin, había cautivado a otra hermandad de élite: la del Fred Bear Sports Club.
En el otoño de 1973, un anuncio singular resonó desde los bosques del norte de Míchigan. El exclusivísimo Fred Bear Sports Club, hasta entonces reservado a un puñado de figuras emblemáticas del outdoor, abría sus puertas a nuevos miembros. Entre las diez personalidades fundadoras se encontraban arqueros de leyenda, entrenadores de la NASA y rostros de la televisión… pero también astronautas. Joe Engle, piloto del transbordador espacial, o Walter Cunningham, veterano del Apollo 7, posaban en una fotografía sepia junto al mismísimo Fred Bear, pionero de la caza con arco moderna.